sábado 28 de noviembre de 2009
jueves 26 de noviembre de 2009
Relatos de amor y sexo de un chico confundido
Tenía que entregarle un nuevo relato a Julia. Lo había terminado y revisado. Así que, como siempre, fui a su casa, a su enorme casa. Me atendió Marcela, quien era, en definitiva, una Julia más bella, más atrayente y veinte años más joven. Había dado por sentado que era su hija, pero ninguna de ellas me lo había confirmado. El parecido era tal que no podía pensar en otra alternativa.
Pasamos hasta la sala y me dijo que Julia no estaba en casa y que no sabía si iba a volver pronto.
—Vine a entregarle el relato mensual.
—Si quieres déjamelo. Yo se lo entrego… además, así lo puedo leer yo también —dijo riéndose.
—No hay ningún problema.
—¿Quieres algo de tomar?
—Una cerveza estaría bien.
Marcela se levantó del sillón y cruzó la sala hacia el bar. Luego volvió con una cerveza.
—¿Tú no tomas nada?
—No, estoy esperando a alguien.
—Entonces, me tomo la cerveza y me voy.
—Como tú quieras Manny.
—¿Adónde fue tu mamá?
Marcela echó una sonora risotada. Mostró sus dientes blancos y parejos, mientras la punta de su lengua se asomaba.
—¿No es tu mamá?
Marcela se volvió a reír. Yo me tomé un largo trago de cerveza.
—Julia es mi tía, pero me crió desde muy chica —dijo ella.
—Pues no lo sabía, ¿y qué pasó con tus padres?
—No conocí a mi padre. Mi madre la pasaba internada en clínicas y hospitales mentales, por eso Julia se ofreció a cuidarme. Yo tenía cinco años cuando me fui a vivir con ella. Luego vinimos acá a Trujillo.
—¿Y por qué no conociste a tu papá? ¿Murió?
—No, no sé, no que yo sepa. No lo conocí porque se separó de mamá antes de que yo naciera. No lo vi nunca, salvo algunas fotos.
—Yo tampoco recuerdo mucho a mi padre. No sabía que teníamos eso en común.
—Quizá tengamos muchas cosas en común.
Tomé otro trago de cerveza. Marcela me había excitado desde el primer momento que la había visto. Sentí un hormigueo entre mis piernas mientras miraba a esa hermosa chica. Le iba a preguntar qué edad tenía pero sonó el timbre de la casa. Marcela se levantó y tuvo que pasar junto a mí para ir a abrir la puerta. Dejó un delicioso aroma a mi alrededor.
Luego volvió con un chico. Un chico que debía tener mi edad. Otro Germán, pensé. Marcelo nos presentó, se llamaba Miguel.
—Hola Miguel.
—Manny trabaja con Julia, mi tía. Es escritor —dijo ella.
Sentí una extraña sensación.
—Mucho gusto Manny.
—Miguel y yo vamos a salir, Manny. Si tú no tienes inconveniente te puedes quedar a esperar a Julia.
Por un segundo me encantó la idea de quedarme. En realidad, podía quedarme a vivir en esa casa, para siempre, con ellas dos, esas dos encantadoras mujeres y con ese completo bar. Pero algo de recato me lo impidió.
—No, me tengo que ir. Le dejo el relato a Julia, dile que me llame.
—Claro Manny —dijo ella.
—Espera que bajo el cuadro para tu tía —dijo Miguel volviendo a salir—.
Marcela y yo salimos detrás de él.
—¿Es tu enamorado? —le pregunté cuando cruzábamos el recibidor, frente al enorme espejo.
Marcela se volvió a reír.
—¿Enamorado? No, es sólo un chico con el que salgo. No es nada mío.
Cuando salimos, Germán sacaba cuidadosamente un cuadro del asiento trasero de su auto. Era una imitación. No recordaba el nombre, pero era indudablemente una imitación de Blake. Algo que tenía que ver con la creación. Pero era burdo, feo, una mala imitación.
—¿Lo pintaste tú Germán?
—Sí, ¿te gusta? —me preguntó mientras contemplaba con orgullo su cuadro. Sonreía.
—Esperemos que le guste a Julia —dije yo—, es lo que realmente importa.
Me despedí y caminé hasta mi casa. Me alejé de ellos. De Marcela y su pintor, su imitador de Blake. “No es nada mío”, me había dicho ella. Es agradable tener una esperanza. Siempre una esperanza para algo. No sólo era agradable, era necesario.
jueves 12 de noviembre de 2009
Diálogos inmortales
LUKE
Escucha, estás aquí día y noche. No haces otra cosa más que estar sentado y darle a la botella.
JOVEN
Ya.
LUKE
Mira, yo no quiero herirte ni nada de eso, pero es posible que esta mierda no te conduzca a nada.
JOVEN
Está bien, Luke, no te preocupes por mí. Tú dedícate a servírmerlas...
LUKE
Claro, chico, pero ¿no hay nada en la vida que te importe?
JOVEN
Oye, Luke, ¿sabes éste? ¿En qué se diferencian el culo de un pollo y el culo de un conejo?
LUKE
No tengo ganas de oír chistes, tío. Lo que yo quiero es saber si no hay alguna cosa que te importe.
JOVEN
Está bien, mierda. Yo estaba en sexto curso, creo. La profesora nos pidió que escribiéramos algo sobre la experiencia que más nos hubiera cambiado. Y no me estoy refiriendo a cambiarnos de casa.
LUKE
Ya.
JOVEN
De todos modos, escribí sobre aquella rana que encontré en el jardín. Se le había quedado una pata atrapada en una valla de alambre. No podía soltarse. Le saqué la pata de la valla, pero seguía sin moverse.
LUKE (bostezando)
¿Ah, sí?
JOVEN
Así que me la puse en las rodillas y le hablé. Le dije que estaba atrapado, que también mi vida estaba cogida por algo. Le hablé durante mucho rato. Al final, saltó de mis rodillas y se fue saltando por la hierba y desapareció en algún arbusto. Y me dije que aquella rana era lo primero que había echado de menos en toda mi vida.
LUKE
¿Ah, si?
JOVEN
La profersora lo leyó en clase. Todos lloraron.
LUKE
Ya. ¿Y qué?
JOVEN
Bueno, pensé que algún día podría ser escritor.
LUKE (inclinándose hacia adelante)
Chico, ¡tú estás loco!
Metallica en Lima
Crack of dawn, all is gone except the will to be,
now they see what will be, blinded eyes to see
for whom the bell tolls...
sábado 7 de noviembre de 2009
Sławomir Mrożek
Dormí tres días y tres noches de un tirón. Después puse el armario junto a la pared y la mesa en medio, porque el armario en medio me molestaba.
jueves 29 de octubre de 2009
Vallejo, cerveza y Maradona
Entré al supermercado a comprar comida. El carnicero molía restos de carne y a unos metros el panadero abría su moderno horno cromado y sacaba exquisitos panes. A mi costado una vieja escogía sus verduras. Esos tomates me parecieron demasiado rojos y perfectos, seguramente eran jugosos por dentro; no parecían naturales, la naturaleza no podría hacerlos así.
Compré muy pocas cosas y regresé a casa. Abrí una cerveza y me senté a leer a Vallejo de nuevo. Hay escritores que te dejan marcado. Vallejo, Bukowski, Hemingway, Borges, y muchos más. En eso estaba, leyendo su poesía, adentrándome en su mundo, cuando tocaron a la puerta. Era mi buen amigo Martín y su nueva chica. La mía estaba durmiendo en la habitación agobiada por la temperatura. El calor en la ciudad era insoportable y a pesar de que ya había anochecido, la humedad y el sopor no se habían marchado. La chica de Martín se llamaba Romina y era muy agraciada. Él empezó inmediatamente. Era sobre lo que Maradona había dicho y su repercusión.
—No puedo creer. El hombre es libre de decir lo que quiera. Moralistas de mierda.
—No debería moderarse estando frente a una cámara de televisión —dije yo en tono de pregunta.
—Creo que es todo lo contrario.
Romina reía.
—El hombre casi representa a toda esta nación. Debería reflexionar sobre eso —dije yo.
—No puedo creer lo que me estás diciendo, precisamente vos.
—Martín, ¿vos crees, de verdad, crees que me puede importar lo que diga Maradona?
—Pero no es eso, es la reacción de la gente.
—¿La misma gente que lo ha endiosado? ¿No crees que tienen lo que querían?
—Un dios verborragico… pero con poco vocabulario —dijo riéndose.
—Un dios fanático del fútbol, qué más querés...
—¿Viste la propaganda de cerveza? —me preguntó, cambiando de tema con total naturalidad.
—¿Qué propaganda?
—Una que sale en la televisión.
Le apunté el libro y le recordé que veo muy poca televisión.
—La propaganda de una cerveza. Hay dos pibes conversando y uno le dice al otro si cree que la cerveza pasará por su garganta. Hace alusión al delicioso gusto amargo de nuestra querida bebida.
—¿No les gusta el sabor amargo?
—Se ve que no.
—¿Y por qué no se compran una gaseosa entonces?
—Hasta a nuestra cerveza la quieren amariconar hermano.
Me reí y tomé un trago.
—¿O sea que quieren tomar cerveza, pero no quieren que amargue, quieren un gusto suave?
—Claro. Quieren una cerveza dulce.
Me reí.
—Hay para todos los gustos Martín —dije, tomando un trago de mi vaso.
—Dejate de joder. Lo que faltaba, ahora se meten con la cerveza, adónde vamos a parar.
Luego se levantó y se despidió. Dijo que sólo había venido a presentar a Romina y quería que mi novia la conociese. Le dije que ella estaba durmiendo. Consideré que no iba a ser una buena idea despertarla para eso. Si le decía que era la nueva chica de Martín que estaba en la sala, seguramente me hubiera dicho que en una semana iba a venir con otra y que la dejara dormir. Razón no le faltaba para argumentar eso. Así que le dije a Martín, amablemente, que se dejara de boludeces y que ya habrá otra oportunidad para Romina.
Cuando se fueron volví a mi silla, a mi cerveza y a Vallejo. Me convencí aún más de que ya nadie lo recuerda.
domingo 18 de octubre de 2009


lunes 12 de octubre de 2009
Leído sobre una pared
viernes 9 de octubre de 2009
miércoles 30 de septiembre de 2009
Relatos de amor y sexo de un chico confundido
Una tarde estaba en mi casa escribiendo cuando tocaron la puerta. Yo sólo tenía puestos unos calzoncillos. Estaba haciendo un poco de calor y había empezado a escribir sin darme cuenta de eso. Una vez que se empieza a escribir casi nada más cuenta.
Abrí la puerta. Era Lucho. No lo había visto desde aquellos días en la playa y su presencia y su amistad me caían a pelo en esos momentos. Nos dimos un abrazo y fue directo al grano. Me preguntó si tenía cervezas.
—Creo que hay un par en el refrigerador —le respondí.
—Van a faltar.
—No hay problema, la visita invita.
Se rió y nos sentamos en la salita.
—¿Qué mierda haces en calzoncillos?
—Escribo mejor así.
—He terminado con Luisa —dijo. Yo había ido hasta la habitación y me estaba poniendo unos jeans.
—¿Terminaste? Yo pensé que la única forma de que eso se terminara era casándose.
—Terminamos Manny.
—Pero, ¿cuántas veces han terminado Uds. dos? Que yo recuerde se pasaron la vida terminando.
—Esta vez es en serio.
—¿Y las otras eran en broma? —pregunté en tono de burla.
—¿Pero qué carajo estás escuchando? —preguntó refiriéndose a la música que salía de la radio.
Me reí. Había prendido la radio y la había dejado en una emisora que ponía sólo baladas en español, la mayoría bastante viejas.
—Son baladas Lucho. Estaba escribiendo y necesitaba algo de apoyo. El único recuerdo que tengo de mi viejo era cuando cantaba ese tipo de música.
—¿Tu viejo? Nunca tuviste un viejo.
—Jaja, claro, nací espontáneamente.
—Tu vieja abrió una botella de cerveza y saliste tú.
—Muy gracioso Lucho, pero mi vieja no tomaba.
—¿No?
—Era mi viejo el borracho.
—Esas cosas se heredan.
Nos estábamos tomando la segunda botella. Él seguía hablando de Luisa y su cortada relación con ella y yo seguía absorto en la música. Tenía recuerdos que no querían salir. Estaba convencido de que tenían que estar ahí, en mi memoria, pero no podía evocarlas. Sólo estaba la voz de mi viejo cantando una canción que ni siquiera podía adivinar cuál era.
—¿Y a qué viene toda esta nostalgia por tu viejo? —preguntó.
—No es nostalgia. Ya te dije, estaba escribiendo y necesitaba apoyo. A mi viejo ni lo conocía, se fue de la casa cuando yo tenía 5 años. Que yo sepa está muerto, no debe quedar ni el polvo.
—Eres un nostálgico Manny.
—No lo creo.
—Si no lo fueras no tendrías esa cara ni estarías escuchando esa música.
—¿Qué peruano no es nostálgico?
—Yo.
—Pero, ¿nostalgia de qué Lucho? ¿De mi viejo? Si no recuerdo ni su cara, sólo que se me vino a la mente esta canción que él cantaba pero que no puedo recordar cuál era.
—Luisa me dijo que soy un perdedor y que por eso ya no podía estar conmigo.
—¿Un perdedor? ¿Y eso qué significa?
—Me dijo que no sé qué es lo que voy a hacer con mi vida.
—Jaja, siempre me pareció pretenciosa. Con grandes ideas.
—Lo peor es que tiene razón. No creo que pueda volver con ella después de esta pelea.
—Volverás, yo los conozco, volverán… Pero Lucho, dime algo, de verdad, ¿si la quieres tanto por qué carajo te acuestas con la primera chica que diga sí?
—Pero… lo tuyo es más grave de lo que pensaba Manny. Qué preguntas cojudas haces.
—No es tan difícil.
—Para empezar no soy tan promiscuo. La chica tiene que estar buena, si no, no.
—Jaja.
—Y segundo, es sólo un polvo, nada más.
—¿Y si el polvo lo diera Luisa con otro?
—Luisa no haría eso.
—¿Pero acaso va a pedir tu opinión?
—No, pero la conozco.
—Esa es —dije yo, levantándome y apuntando la radio con el vaso de cerveza.
Negros tus cabellos, cubrían tu cuerpo, tan llena de amor… te vi bailando. Otro te abrazaba, otro te besaba…
—Carajo Manny, déjate de huevadas —dijo Lucho.
—Esa es.
—¿Qué cosa?
—La canción que cantaba mi viejo.
Cara de gitana, dulce apasionada, me diste tu amor…
—Se acabó la chela Manny —dijo Lucho tomándose lo que quedaba de su vaso—, vamos a comprar.
¿Dónde están tus ojos tan profundos?, y aquel fuego de tus labios que eran míos, el licor que bebo abre mis heridas, me emborracha y más te quiero todavía…
—Menos mal que sólo heredaste su gusto por la cerveza. Dale, vamos a comprar más.
—Vamos.
Lucho apagó la radio y salimos. El silencio que nos rodeó era extraño, como si alguien se hubiera ido de repente. Cuando bajábamos la escalera, pude traer finalmente la escena completa desde mi memoria. La radio había ayudado. Era mi viejo que se paseaba por toda la casa cantando esa canción con un vaso en la mano. Luego llegaba hasta donde yo jugaba y se quedaba mirándome. Me di cuenta de que era mi mente la que no quería que evocara de nuevo esa mirada. Parecía la altiva mirada que se le dedica al marginado. El orgulloso jurado convencido de que tiene frente a sí al culpable de todo. Me serenó saber que estaba muerto.
martes 22 de septiembre de 2009
Vika

Metallica-"Nothing else matters":
Y un imperdible. La segunda parte del tema, como no podía ser de otra forma, es estupenda. Metallica -"One":
jueves 10 de septiembre de 2009
Una teta en la televisión
—Lo último man, lo último. Ahora la gente se escandaliza por que se ve una teta en la televisión.
—¿Se vio una teta en la televisión?
—Se ve que sí porque fui al quiosco a comprarme cigarrillos y estaba una vieja y el pelotudo que atiende rasgándose las vestiduras porque en la televisión se le vió la teta a una chica.
—Jaja.
—Encima el pelotudo me preguntó a mí...
—Jaja.
—Y qué tiene de malo una teta, le pregunté yo, que yo sepa una teta no ha matado a nadie. Vos no chupaste nunca una teta, le tuve que preguntar.
—Jaja.
—Che, ¿pero la gente es estúpida o se hace?
—¿Y qué te dijo?
—Se puso rojo y tragó saliva. Se ve que al final, la vieja no era tan pelotuda como él, porque se rió.
—Una vieja con sentido del humor.
—Claro, claro.
—¿Y qué te dijo el quiosquero?
—¿Sobre qué?
—Sobre lo que me estás contando Martín, sobre la teta en la televisión.
—Y se pelotudeó por completo. Empezó con la perorata de que los niños y el sexo, y que no era conveniente que los niños vean ese tipo de cosas.
—Jaja.
—La verdad, no entiendo esas estupideces. Espero que, por lo menos, haya sido una buena teta.
—Tenés que aprender a seguir la corriente Martín.
—Jaja, jamás. ¿Tenés cerveza?
—Siempre tengo.
—Voy para allá.
Colgué y abrí mi botella. A la media hora tocaban a la puerta. Era el buen Martín.
martes 8 de septiembre de 2009
Diálogos inmortales
—Esperábamos a alguien diferente —dijo Cecilia.
—¿Oh?
—Me refiero a que tu voz es tan suave, y pareces muy educado. Bill esperaba que salieras del avión borracho y blasfemando, metiendo mano a las señoras...
—Nunca voy exhibiendo mi vulgaridad. Espero a que aparezca en su momento.
Charles Bukowski, "Mujeres".
